miércoles, 28 de junio de 2017

TOREROFOBIA


Últimamente parece que estamos todos llenos de fobias. Niñofobia, turismofobia o bicifobia. Hay un problema, la gente reacciona y resulta que lo que tenemos es fobia. Se dice como para justificar el ataque o las críticas al colectivo condenado. No sé yo, creo que los hashtags se nos están yendo de las manos. La última fobia de actualidad es #torerofobia. Si entendemos la fobia como un miedo irracional a algo, no creo que nadie tenga torerofobia. Yo soy profundamente animalista y los toreros no me dan ningún miedo irracional. El sentimiento que yo pueda tener hacia las corridas de toros es de pena y empatía hacia el toro y de desprecio absoluto hacia el torero. Nada de miedo, y menos de fobia.
Este hashtag ha surgido después de la muerte del torero Iván Fandiño el pasado 17 de junio en Francia. Muchos ataques en las redes, muy violentos y crueles contra él y otros toreros muertos en la plaza. Insisto: no creo que sea un problema de fobia al torero, lo que hay es un rechazo social cada vez mayor hacia esta profesión. A mí no me gustan los toros, pero, como dijo el guionista inglés Ricky Gervais, si tengo que escoger equipo voy con el toro. Y como el juego va de si muere el humano o muere el animal, pues tomo partido.
Es muy cruel alegrarse de la muerte de un ser humano, pero el problema no es de los animalistas, el problema es de ese espectáculo que consiste en enfrentar a un señor contra un toro hasta acabar con él. Si aceptamos esta salvajada asquerosa y espeluznante tenemos que aceptar también, con deportividad, el no ganar. Es «arte», dicen algunos. OK, digamos que lo compramos. Pues también será «arte» ver sangrar al torero hasta morir, ¿no? Lo que no se puede es jugar a un juego donde siempre gana uno. Sería injusto. Luego, si pierdes no te extrañe que algunos lo celebren. Es verdad que hay tuits realmente bestias y crueles, pero, francamente, más cruel es torturar a un animal hasta la muerte por pura diversión. Eso siempre será peor que alegrarse de la muerte de un hombre que se puso donde se puso porque le dio la real gana.

domingo, 11 de junio de 2017

NIÑOFOBIA




Este es el último hashtag en Twitter que está armando revuelo. Todo empezó cuando el humorista catalán al que admiro mucho, Andrés Palomino, fue al restaurante Aita Mari de Donosti e intuyó que sus hijos mellizos de 4 años no eran bien recibidos. Como él es un buen 'influencer', hizo un tuit denunciando el tema y se armó el follón. Luego lo entrevistaron en la televisión vasca, hizo las paces con el dueño del restaurante y dijo entre otras cosas: "Estamos en una sociedad tan preocupada por el bienestar personal que muchas veces priorizamos nuestro bienestar a la sociedad como conjunto. Un viaje en avión o un hotel, no debería resultarnos una cosa molesta al compartirla con niños" .
Esa es tu opinión, querido Andrés. Deja que yo decida lo que es o no es molesto para mi, ¿Te parece? Yo, a veces, no quiero comer con niños, no quiero compartir un hotel con niños, no quiero sentarme al lado de un niño en el cine, ni quiero ir a playas familiares con niños. Por lo visto, soy un monstruo.  El debate no está en si nos gustan o no los niños. A mí me encantan y tengo un sobrino al que adoro. Pero, como no tengo hijos pues me junto con gente que no tiene y vamos a sitios donde no hay. Es así de simple.
Si entras en la aplicación de Tinder para conocer gente, lo primero que te dicen las personas con hijos es eso, que tienen hijos. Porque saben que tendremos que compartir espacios a los que no estamos acostumbrados. Lugares que yo desconocía hasta que mi hermana me regaló un sobrino. Hay restaurantes y bares ideales para 'peques', donde tienen cuentos, juegos, sillas altas y menús infantiles. Luego hay lugares donde sabes que las familias con críos no van. ¿Tan malo es buscar esos lugares?¿Es un delito buscar playas alejadas llenas de rocas sabiendo que allí las familias ni se acercan?

DERECHO A GRITAR

No estoy de acuerdo en eso de que los padres son los culpables y que los niños educados no molestan. Molestan igual. Los niños son niños y tienen todo el derecho a gritar, correr, saltar y ser felices. Los niños molones son los traviesos, los que molestan. Así debe ser.  No hace falta poner un cartel donde diga "Niños no". Son evidentes los lugares donde no hace falta ir con niños. A un parador de lujo que te cuesta 200 euros la noche no es necesario llevarse a los críos. Y si lo haces, todos te miraran mal. Es de desubicado hacer eso. La #niñofobia no existe. Lo que existe es la gente pesada que no sabe estar en su sitio.
No hace falta poner carteles. En los parques infantiles no hay un cartel que diga: "Prohibido adulto solo que quiera leer el periódico tranquilo". Y es evidente que si queremos tranquilidad no iremos a pasar la tarde a la Isla Fantasía. Por favor, un poco de sentido común. Dicen que discriminamos a los niños. Para nada. Yo solo busco mi tranquilidad y felicidad personal sin hacer daño a nadie. No me gusta el humo del tabaco, las calles con muchos coches, ni el barullo de los niños. Me gusta ir a sitios tranquilos donde sé que no encontraré nada de eso. ¡Soy humana!  No hay #niñofobia. Lo que hay es #humanofobia.

PERIODE EMOJI

Hoy me levanto sorprendida por la maravillosa noticia que anunciaba que, seguramente pronto, podremos utilizar un 'emoji' sobre la menstruación en nuestro WatsApp. Es bonito y muy práctico poder decirle a alguien que tengo la regla sin tapujos. Ya sea un jefe, un amigo o un amante. Les cuesta a algunas mujeres decirlo abiertamente y ese maravilloso dibujito puede ayudar mucho.
Lo que más me ha gustado de esta iniciativa son las diferentes propuestas de 'emoji'. En todas ellas la sangre es roja. ¡Por fin! Esa manía que tienen los anuncios de la tele de presentar nuestra sangre de color azul. Nunca he entendido el porqué. Siempre me imagino a la típica adolescente de 12 años horrorizada el día que le llega la regla por primera vez y descubre que no es como lo pintaban en la tele. Tanya Barron, la presidenta de la oenegé Plan International UK que impulsa la iniciativa y a la que aplaudo, dice: «Es desagradable y doloroso, pero no es nada de lo que nos tengamos que avergonzar». ¿Cómo?
La menstruación de una no tiene nada de desagradable. Igual puede ser desagradable encontrarse la compresa de otra en un baño público, obligar a alguien a practicar un 'cunnilingus' el primer día del periodo o utilizar según qué tampones no ecológicos, llenos de tóxicos, que nos contaminan a tope y nos hacen menstruar más de lo debido para que gastemos y compremos más tampones. Igual eso sí es desagradable. Luego, ¿doloroso? Para algunas mujeres lo es. Sobre todo para las que sufren de endometriosis.
¿Para las demás? Si usamos la copa vaginal, mantenemos una dieta sana y saludable, en principio no tiene que ser demasiado doloroso. Yo desde que introduje algas en mi alimentación, y la copa menstrual hace más de diez años, si no fuera por el sangrado, ni me enteraría que tengo la regla.
El periodo, la menstruación, la 'tía María'. Llámenla ustedes como quieran. Es maravillosa. Significa que estamos sanas y fértiles. Me encanta esta iniciativa. Entrar en la página de Facebook de Plan International y votar. Yo ya lo he hecho. ¿Mi favorita? La gotita roja con una sonrisa.

MI VIENTRE NO SE ALQUILA?



El mundo se divide en dos clases de personas. Las que piensan a favor y las que piensan en contra. Las que querían que ganase España el festival de Eurovisión y las que deseaban con todas sus fuerzas que Manel quedase último. Sí, a veces nos gusta fastidiar al otro. Desearle lo peor. En este país sabemos mucho de eso. Algunos disfrutan más viendo perder al Madrid que viendo ganar al Barça o el Espanyol. Que si los niños tienen pene, que no a los matrimonios gais, que no al aborto… ¡A ti qué más te da! Si no crees en el aborto, no abortes, y si no puedes tener hijos… ¿te aguantas? Algunos creen que sí.
Ahora, el blanco de todas las críticas es la gestación subrogada. Esa práctica, ilegal en nuestro país y legal en muchos otros, que consiste en utilizar el vientre de una mujer para gestar al hijo de otro. Algunas gestoras también venden sus óvulos, y otras lo hacen de forma altruista solo aceptando que les paguen los gastos médicos. Debates en la tele y gente enloquecida en las redes en contra de que mujeres o parejas gais tengan sus propios hijos biológicos. ¿En qué quedamos? ¿No estáis en contra del aborto y a favor de la vida? A favor de la vida que a vosotros os interesa, ¿no? Muy cómodo. Debe ser superchulo estar en posesión de la verdad absoluta. Erigirse como el dios de la moral y creer de verdad que «el bien» es lo que dices tú. Gestar a tu hijo en tu vientre hetero, bien. Gestar a tu hijo en otro vientre, mal. Si eres gay, muy mal.
Pero no se crean que solo la gente de derechas ultraconservadora está en contra. Las críticas vienen también de la izquierda. MiVientreNoSeAlquila es el nuevo hashtag y el lema de algunas mujeres de izquierdas que se consideran feministas. Digo que se consideran, porque yo no lo tengo demasiado claro. Luchan a favor de los derechos de las mujeres que alquilan su vientre. Las llaman «madres de alquiler» de forma despectiva, como si ganar dinero a cambio de algo fuera malo. Y luego demonizan a las mujeres que no pueden tener hijos. ¿Por ellas no hace falta luchar? Parece que no. Es un tipo de feminismo que a mí me cuesta mucho entender. El que no está a favor de la mujer libre. Si no quieres alquilar tu vientre, no lo hagas, pero deja que yo sea libre para hacer lo que me dé la gana con el mío. ¿Te parece?
Paradójicamente, están a favor de la adopción. Como si los niños adoptados vinieran de Disneylandia y no costasen un dineral. Dejando aparte que muchas personas que acuden a la gestación subrogada lo hacen precisamente porque no pueden adoptar. No les hablo solo de parejas gais, que tienen vetada la adopción prácticamente en todo el mundo, les hablo de parejas a las que se les niega el certificado de idoneidad por miles de razones. La adopción tiene también muchos puntos oscuros, pero no la ponen en duda.
Hay un negocio detrás, dicen las críticas. Pues a veces. Hay negocio siempre que hay demanda y gente dispuesta a pagar por lo que uno quiere o necesita. No entiendo dónde está el problema. Hablan de esclavitud y de mujeres a las que se obliga a pasar por ello. Como en todo negocio, habrá gente que se aprovecha y personas que no hacen bien las cosas. No por ello tenemos que criminalizarlo. Lo que hay que hacer es regularlo y poner los controles adecuados para que se haga bien, respetando los derechos de todos.
Hay miles de razones para recurrir a una madre de alquiler, y no todas las razones nos tienen que parecer ética o moralmente adecuadas a nuestra forma de ver y entender la vida. Vimos hace unos días en el Sálvame Deluxe a la modelo Tamara Gorro con lágrimas en los ojos justificándose y diciendo que había recurrido a la gestación subrogada no para mantener su silueta, como le decían sus haters en Twitter. Y yo me pregunto: ¿en el caso de que una mujer acuda a esa técnica solo porque no quiere machacarse su cuerpo o necesite los nueve meses de embarazo para trabajar o viajar, no está en su derecho de hacerlo? ¿Por qué narices tenemos que dar explicaciones a las personas que no están de acuerdo con lo que tú haces? Quienes tienen que debatir, discutir, valorar, analizar y posicionarse moralmente son las personas que recurren a las gestaciones subrogadas y las mujeres que deciden aceptar el trato o vender sus óvulos. Estamos hablando de dos o tres personas, no más. Los que tendríamos que quejarnos y manifestarnos somos los que estamos a favor de la libertad de las mujeres –¡de todas!–, y luchar para que se regularice de una vez este tema en nuestro país y no tengamos que ir a Estados Unidos, Canadá o la India a tener a nuestros hijos.
Lo curioso de este debate es que están de acuerdo mujeres de izquierdas feministas y ultracatólicas de derechas. Esto no les da la razón, solo nos confirma una vez más que los extremos siempre se acaban tocando. Nosotras parimos, nosotras decidimos. ¿Se acuerdan? Pues parece que ya no.

MATAR AL PADRE





Matar al padre es una figura metafórica que utilizaba Freud para expresar el momento en el que las personas maduramos y dejamos a los padres apartados. Es difícil de explicar y nada fácil de hacer. No se trata solo de buscarse un apartamento, asumir todos los gastos y no utilizar más la contraseña del Movistar plus. Lo realmente valiente y lo que mata al padre de forma definitiva es el hecho de dejar de admirarle como un niño y verle como realmente es. Con sus defectos y sus virtudes. Un proceso que puede ser muy doloroso si no estamos preparados para aceptar y asumir la verdad.
Algo parecido le ha pasado a Catalunya con su padre. No es que este sea un hombre bueno ni honrado. Para nada. Pero en el pasado era un abanderado de la moralidad, la justicia y el trabajo bien hecho. Sí, les hablo del señor Pujol, el patriarca. Su mujer y sus siete hijos merecen una categoría aparte. Freud tendría que volver a nacer para poder entender y analizar en profundidad a esa oscura familia. La generación de mis abuelos y mis padres creció con ese modelo, que idolatraba y seguía con admiración. La muerte metafórica del padre ha provocado un terremoto emocional tan fuerte y tan irreversible que dudo de que esa generación pueda superarlo jamás.
Pero a mí esto ni me sorprende, ni me entristece ni me afecta en absoluto. Mi generación es inmune a los efectos de la corrupción. Ahora mismo, no hay ni un solo político por el cual yo pueda meter la mano en el fuego. Ni uno. Nadie me merece una confianza eterna como la que consiguió el molt honorable con mis padres. Confiaban a ciegas en ese líder que incluso pasó por la cárcel para defender a su patria. Eso solo nos demuestra que nuestro país no es mejor que ningún otro. Ni es superior en nada, ni se salva de la corrupción. Hasta el más noble de los hombres se puede pasar al lado oscuro. Lo triste de esta actualidad política en la que nos ha tocado vivir, lo realmente terrorífico, es que las instituciones están tan desgastadas que cuando se presente a las elecciones un nuevo Hitler, este ganará.

NO AL CINE



El Gobierno de España no baja el IVA cultural del cine, pero sí el de los espectáculos en directo como la danza o los toros. ¿Qué es lo que pretende el Gobierno marginando al cine? ¿Vengarse de los actores que decían «No a la guerra» en las galas de entrega de los premios Goya? Eso dicen, pero en todo caso, no hacía falta quedar mal ahora con esto del IVA, porque el cine ya está muerto y desde hace mucho.
Hace tiempo que lo han matado. La última 'peli' que vi en un cine fue 'Manchester frente al mar', un peliculón de Oscar. Pues bien, en la sala éramos ocho personas y era el Día del espectador. Me sentí como si estuviera viendo un espectáculo posmoderno en una megasala alternativa.
Luego está el tema de las ayudas a los creadores. Estoy harta de recibir notificaciones en Facebook de amigos que crean 'crowdfundings' para que les paguemos sus películas a cambio de camisetas. Que no llevo camisetas desde los 15 años, esta es otra. Los mismos que pagamos, básicamente amigos y familia, somos los mismos que vemos las 'pelis'. O sea, que pagamos dos veces. Una para hacerla y otra para verla. Un despropósito.
Si cuesta llenar una sala con películas americanas ya no les digo lo que cuesta llenarla con una española. Teniendo 'Juego de tronos' en casa, ¿quién se va a gastar 50 euros con la familia para ver una 'peli' española de hora y media?
El último 'crowdfunding' que me ha llegado es de una película documental sobre 'homeless', www.sensesostre.cat. Parte del dinero recolectado irá a la fundación Arrels que ayuda a las personas que no tienen hogar. ¡Pues ni así! Necesitan 30.000 euros y no llevan recogidos ni 12.000. Ya ni los 'homeless' dan pena. La gente está cansada y harta de tirar del carro.
En serio, señores del PP, lo han conseguido, felicidades. Por alguna razón que desconocemos, ustedes odian el cine y no quieren que lo hagamos ni que lo vayamos a ver. Nos quieren viendo toros o conciertos de la Pantoja. Qué queréis esperar de una país donde el presidente del Gobierno reconoce abiertamente que no lee, ni va al teatro ni al cine. Pues eso. Sí a la guerra y no al cine.

QUÉ DESGRACIA


 Un martes lluvioso. Estoy en la cola de la pescadería y me doy cuenta de que la cosa va para largo. Cojo el móvil y mando un mensaje a mi amigo que me está esperando fuera con mi perra. Automáticamente, una señora que forma parte de la cola y a la que no conozco de nada, me mira y dice en voz alta para que todo el mundo lo oiga: «¡Malditos móviles! No podemos vivir sin ellos, ¿no? ¡Qué desgracia!» La miro y le explico: «Ninguna desgracia, señora. Mi amigo está fuera mojándose con mi perra y he podido avisarle para que no me espere. ¿Sé puede saber dónde está la desgracia?». La mujer no contesta y mi móvil, como para fastidiar a la señora, vuelve a sonar. Es una notificación de Facebook de mi amigo Germán que está volando hacia Doha a unos 10.000 mil metros de altura.
Volando, leyendo el periódico, tomándose un café y comentándolo todo por Facebook con sus amigos que están en la otra punta del mundo gracias al wifi del avión y a su móvil. ¿Sé puede saber de qué desgracia me habla señora? Salgo del súper y un viejecito me pregunta por una calle lejana. Abro el Google Maps en el móvil y le indico la ruta. ¡Otra desgracia! Y así podríamos hacer mil y mil millones de listas de desgracias.
Todo se magnifica cuando hay un móvil por medio. Y el mundo es una pescadería gigante donde todos opinamos, juzgamos y decimos lo que queremos. Pero vigila si lo haces delante de un móvil o a través de una red social porque puedes acabar en la cárcel. ¿Qué hubiera pasado si la ya famosa Cassandra Vera hubiera hecho el chiste sobre Carrero Blanco en el bar o en casa con amigos? Absolutamente nada. De hecho, corre un chiste en YouTube de Tip y Coll bastante más fuerte que el suyo. Lo ponían en la tele hace más de 30 años y todos nos reíamos. Y aunque parezca que ahora las redes sociales y los móviles son el problema, no es así. El problema es la gente. Conozco niños de 12 años con móvil que son superinteligentes y personas adultas con grandes cargos que se creen que Instagram es una cámara de fotos que se puede comprar en el Fnac.

Yo sufrí mucho de pequeñita en el colegio. Era lo que todos conocemos como «la marginada de la clase». Acostumbra a ser el gordito o el niño con gafas. En mi clase era la delgaducha con mocos. O sea, yo. Una niña muy frágil, llena de miedos e inseguridades. Me trataban mal los niños y los profesores. Me pasaba el día entero contando las horas que faltaban para poder volver a casa. ¿Mi mayor temor? La hora del patio. Que en realidad era media. Media hora larguísima donde no sabía qué hacer ni con quién hablar. Muchas veces pasaba el tiempo sentada en unas escaleras mirando el cielo y otras daba vueltas sin parar como una zombi. Otros marginados iban a la biblioteca a leer. Nunca me atreví. Fantaseo a veces imaginando lo que habría sido de mí si hubiera tenido móvil en aquella época.
Me habría hecho un perfil falso para poder hablar con los compañeros de clase que me ignoraban. Eso seguro. Porque aunque eran muy malos conmigo yo quería ser su amiga. O igual me hubiera abierto un facebook. Seguro que mis comentarios serían geniales y me habrían convertido en una niña popular. Lo más probable es que me pasara los minutos jugando al Candy Crush o viendo dibujos, no lo sabremos nunca.
Pero en todo caso, un móvil en aquellos tiempos hubiera sido mi salvación. Hoy se critica a adolescentes porque están enganchados al teléfono y a la redes. Yo los entiendo tanto y me dan tanta envidia. Se comunican con todo el mundo a todas horas y son mucho más sociables y listos de los que éramos nosotros.

Leemos noticias de hijos que denuncian a su padres porque les han quitado el móvil, maltratadores que controlan a sus parejas a través del teléfono o gente que no contrata a otra gente porque en un momento determinado de su vida dijo algo malo en las redes sociales. Parece que todo sea culpa del móvil. Pero no es así. No se engañen, somos nosotros. Con móvil o sin él. El teléfono nos hace la vida más fácil. Nos ayuda a todos y eso incluye a lo malos. Al maltratador, a la madre controladora y a Cassandra. A ella le saca todo el veneno que tiene dentro.

Porque aunque algunos la quieran convertir en una heroína de las redes sociales, una víctima del fascismo o una cabeza de turco, lo que es absolutamente indiscutible es que su 'timeline' de Twitter es terrorífico y entiendo que muchos padres no la quieran como futura maestra de sus hijos. ¿Utilizamos sus comentarios de Twitter para juzgarla como persona? ¡Por supuesto! Los comentarios de su cuenta personal de Twitter, de Facebook y del bar. Todo lo que decimos nos define. Tenemos derecho a cambiar de opinión, crecer y madurar. Pero también tenemos derecho a leer tus tuits y pensar lo que nos dé la gana. En serio, el móvil no es una desgracia, la desgracia somos nosotros. Y tú, Cassandra, querida... ¡tienes tela!

U DE URGEL

Somos muchos los que nos sentimos como si nos cortaran un brazo cada vez que cierra un cine histórico de Barcelona: Rex, Casablanca, Renoir las Corts, Lauren Gracia, Alexandra... Es verdad que también abren otros como los Balmes Multicines pero, francamente, tiene más magia el salón de mi casa. Uno de los cierres más dolorosos para mí y para muchos fue el del cine Urgel. Me gustaba porque lo tenía cerca de casa y lo adoraba porque tenía una carga emotiva y nostálgica enorme para mí. Ese olor tan característico, esa mezcla de terciopelo, polvo y aire acondicionado. Esas cortinas rojas. Si me concentro, lo puedo recordar a la perfección. Entraba dentro y automáticamente me trasportaba al pasado. Viendo a Indiana Jones con mi madre o celebrando mis fiestas de cumpleaños.
El cine cerró el 30 de mayo del 2013 pero no se ha sabido ahora que las famosas letras blancas que componían su nombre fueron tiradas a la basura muchos años después. Eso dice un portavoz del grupo Balañá. Dejen que una servidora lo dude. Balañá vendió el cine a la cadena de supermercados Bonpreu. O sea que, en principio, las tiraron los señores de Bonpreu. Pero, ¿alguien se cree que los empresarios de Balañá no negociaron el famoso rótulo? ¿Ni aunque fuera para venderlo o subastarlo?

FACHADA HISTÓRICA

Muchos éramos los vecinos que veíamos apenados a diario el cine con la persiana bajada. Pero de alguna forma, al seguir viendo las letras bien colocadas en su sitio, seguíamos recibiendo su energía y el barrio seguía decorado con esa fachada histórica. Pero recuerdo un día, paseado como siempre con mi perra Piper, que nos dimos cuenta de que faltaba la letra U. Solo la U. Lo demás se mantenía intacto. Era el 17 de abril del 2016 y nos dijeron que las llaves del cine aún no habían sido entregadas a Bonpreu.
¿Dónde está la U? Nos preguntábamos vecinos y amigos. Todo parecía indicar que había sido cedida por alguien a otro alguien. Rápidamente empezaron las llamadas. Cinéfilos y nostálgicos interesados en las otras letras. Los rumores hablan de un crítico de cine, de un periodista o de la hija de un famoso empresario. Quiero creer que esto del contenedor es una falacia para que la gente deje de llamar y pedir. Quiero creer que las letras de los cines desaparecidos están en casa de gente que las ama y las cuida con amor. Conozco a una directora de fotografía que tiene la letras de la palabra entera cine del cerrado cine Nàpols y las muestra con orgullo si vas a su casa.

Pero hay algo raro en todo esto. Si las letras del Urgel fueron regaladas, ¿por qué los poseedores de tan maravilloso tesoro no lo dicen? ¿Temen que se las robemos? ¿Las quieren vender por Wallapop? ¿Es todo un bulo y puede ser cierto lo de la basura? Yo prefiero pensar que se las han repartido entre cuatro amigos. Propongo que las devuelvan y las coloquen en el centro de la zona ajardinada que dicen que harán en la calle Urgell. Como mínimo, para poder pasar por delante sin sentir la vergüenza que me provoca ahora.

EL ÚLTIMO TABÚ

El mundo está lleno de normas no escritas completamente absurdas que seguimos a rajatabla por miedo a quedar mal o perder amistades. Nunca te enrolles con el exnovio de una amiga, o el cliente siempre tiene la razón. Ahora los que salen del armario ya no son los gais. Los que salen son los matrimonios que no quieren tener hijos, las parejas abiertas que practican sexo con otra gente y las madres arrepentidas. Aquí se abre la caja de Pandora. Una de las normas universales no escritas de la historia de la humanidad habidas y por haber es que jamás de los jamases se puede decir: «Ser madre es un coñazo y me arrepiento». Si ya quedabas mal diciendo que no querías tener hijos, el hecho de tenerlos y decir tranquilamente en un libro o una entrevista que tu vida es un infierno, o que si pudieras darías marcha atrás, se ha convertido en la peor y más criticada de las salidas del armario.
Los ataques vienen por todos lados, pero sobre todo de madres. Mujeres que han pasado por esto y no soportan que otras desprecien o no vivan con la misma intensidad ese gran regalo del que disfrutan ellas cada día. Mujeres que gritan sin titubear que lo mejor que le pueda pasar a una mujer en la vida es tener hijos.

LOS HOMBRES, COMO SI NO EXISTIERAN

Eso me preocupa. No es la primera vez que lo oigo, y me parece interesante de analizar. Primero, porque en el caso de que eso sea cierto, no veo por qué no puede ser lo mejor que le pueda pasar a una persona. Aquí los hombres es como si no existieran. Tampoco creo que la felicidad máxima de una mujer se limite a una sola cosa, y me parece absurdo creer que todos tenemos los mismos sentimientos, las mismas metas y la misma forma de entender la vida. Pero hay algo que sí nos une a todos: no nos gusta que nos ataquen. Y de alguna forma, estas madres indignadas se sienten atacadas. Eso me hace pensar que si se enfadan tanto es porque las otras las han desenmascarado. Desde el inicio de la humanidad, las mujeres han tenido hijos, han tirado para adelante y no se han quejado jamás. Han seguido con la tradición de contar a sus hijas que tener hijos es lo mejor que les puede pasar en la vida, y así hasta la actualidad, donde de repente esta norma no escrita se tambalea porque algunas mujeres rompen el tabú y se atreven a decir su verdad.

EL SACRIFICIO, HERENCIA DEL CATOLICISMO 
La última ha sido Samanta Villar, que en una entrevista ha dicho que tener hijos es perder calidad de vida y que no es más feliz ahora de lo que era antes. Francamente, no lo veo tan grave. Yo no soy madre, pero tengo amigas y un sobrino que adoro y soy consciente de la dureza de criar un hijo. Y en el caso de Samanta lo multiplicamos por dos, ya que tiene gemelos. Si a ti, madre coraje, te da tanta rabia que otra madre no viva su maternidad igual que tú, igual el problema lo tienes tú. Todas atacan diciendo: «¡Qué pensarán sus hijos cuando crezcan!». No sé qué pensarán, pero seguro que no serán niños sobreprotegidos ni dependientes emocionalmente de sus madres. Algo me dice que serán más fuertes. Tendrán una madre sincera, con personalidad, que les dirá la verdad.
Y las que reconocen la dureza del tema, siempre lo hacen desde el punto de vista del sacrificio. Estoy harta de escuchar a amigas con hijos que me dicen que llevan tres años sin ir al cine o a cenar. ¿En serio? ¿No puedes dejar a tu hijo con tu marido un par de horas y salir a dar una vuelta o ir al teatro? Igual aquí el problema es tu pareja, que no está a la altura. Y aquí tienes otra dualidad. No mola ser madre y tu amante es un desastre como padre. ¡Zasca! Pero eso tampoco lo diremos jamás. Nos haremos las víctimas. Y aquí aparecen aquellas supermadres que se sacrifican por sus hijos. Esa cosa tan católica. No viajo, digo que no a muchos trabajos interesantes, no duermo, me paso el día haciendo lavadoras y planchando, pero soy mucho más feliz que antes y esto no lo cambio por nada, dicen algunas con un rostro triste que parece decir lo contrario. La verdad es que aunque quisieras no podrías hacerlo. Este es el maldito drama. No hay plan B.

UN PACTO DE SILENCIO PLANETARIO

Todas esas madres enfadadas con Samanta, si tuvieran el valor o la osadía de decir en algún momento de su vida que igual no siempre son superfelices siendo madres, se sentirían tan asquerosamente mal que prefieren engañarse a ellas mismas hasta el fin de su existencia haciendo creer al universo que su vida es maravillosa. Es esa norma no escrita, ese pacto de silencio que se sigue a rajatabla prácticamente en todo el planeta. Jamás diremos la verdad y así la humanidad seguirá existiendo. Y si realmente Samanta Villar lo está pasando tan mal, igual es porque infravaloró el hecho de ser madre. Si todo el mundo lo hace, no debe ser tan difícil. Aquí está el gran error. Hay muchas colas en el mundo y la más larga no tiene por qué ser la mej

FREE MELANIA

Llego de pasar una semana en Manhattan, y el espectáculo que no me he perdido ni un solo día ha sido pasar por delante de la Torre Trump. Hay un set permanente montado en la Quinta Avenida, con cámaras de televisión, fotógrafos, manifestantes, turistas y curiosos que miran hacia arriba como esperando a que pase algo. Allí está encerrada en su torre la señora Trump. «¿Ha salido?», pregunto a un fotógrafo. «No. No sale». Al otro lado de la calle, como 25 policías armados con metralletas resguardan la torre mientras manifestantes gritan: «'Love not hate makes American great'!» (¡El amor, no el odio, hace grande a América!). Dos policías te revisan el bolso si quieres ir a comprar a Gucci o a Armani. Miro otra vez hacia arriba, me imagino a Melania encerrada como la princesa Rapunzel en su torre, y de alguna forma los que estamos abajo esperamos a que nos tire su trenza para poder salvarla.
Pero ella ¿quiere ser salvada? Un señora que se enamora, se casa y tiene un hijo con alguien como Donald Trump no es una mujer cualquiera. No podemos empatizar con ella. Solo podemos hacerlo si la victimizamos. Si la convertimos en una mujer maltratada, humillada y triste. Entonces nos da pena y la queremos liberar. Pobre Melania, que tiene que soportar a semejante hombre a su lado. Esta manía que tenemos de creer que todas las mujeres tienen que ser feministas...

SU POSE ES TRISTE

Melania está casada con Donald Trump. Es muy probable que no solo no sea feminista, sino que también sea machista, racista, homófoba, islamófoba y muchas cosas más. Una mujer moderna, tolerante y abierta de mente jamás se casaría con un hombre como Donald. A menos, claro, que lo hiciera solo por dinero. Entonces la dejo ser feminista, pero no me da la gana de salvarla. Su pose es triste, pero igual lo es porque prefiere su antigua vida de lujos pasando desapercibida. Igual le viene enorme el trabajo de primera dama y no le interesa para nada ese trabajo. La campaña viral #FreeMelania cada día tiene más comentarios, pero deberíamos cambiar la etiqueta por #FreeUSA o #FreeMundo, porque en este cuento de hadas el malo es el príncipe, la princesa no quiere ser salvada y los que sufriremos seremos todos los demás.

FALSA SEGURIDAD

En menos de una semana estaré cruzando el charco destino a Nueva York. Puede parecer una tontería para algunos, pero para mí es una proeza. Siempre he tenido pánico a volar. Después de los atentados del 11-S me juré a mí misma que jamás volvería a coger un avión. Me había leído un millón de veces el famoso libro 'Cómo superar el miedo a volar' de Allen Carr. Parecía que lo tenía vencido y de golpe y porrazo pasó aquello. Nada decía el libro sobre terrorismo ni qué hacer si al piloto le daba por estrellar el avión contra un edificio. Toda la teoría al carajo.
Luego vino esa ultraseguridad en los aeropuertos donde te desnudan prácticamente para que te subas al avión. Yo debo ser una de las pocas personas del planeta a la que le encanta eso. Me da seguridad. Pero cuando ese tema estaba controladísimo, apareció Andreas Lubitz, aquel piloto de la compañía Germanwings, que no era un terrorista pero sí un chalado. Lo peor de se caso, fue que la obsesión por no dejar entrar a nadie dentro de la cabina de mando, dejó al loco estrellar el avión con total libertad. Otra vez la seguridad no sirvió de nada.
Hace unos días, en Florida, un militar retirado de Irak con grandes problemas psicológicos, tiroteó y mató a cinco personas en la zona de recogida de equipajes del aeropuerto internacional Fort Lauderdale-Hollywood. ¿Cómo puede ser?¿No te dejan entrar una botella de agua y sí una pistola? Por lo visto, si tienes permiso de armas, puedes facturar el arma dentro de tu equipaje, luego al llegar a tu destino, puedes abrir la maleta, sacar la pistola y matar a quien te dé la gana. Claro, que eso pasa en aeropuertos y fuera de ellos.En EEUU cualquier tipo saca un rifle y se pone a disparar a lo loco. Hace años que lo hacen.

MOCHILA SOSPECHOSA

Luego está el tema de la seguridad en los trenes de España. Teniendo en cuenta que el atentado más grave sucedido en Europa fue en un tren en Madrid, no entiendo cómo es tan fácil coger el AVE. No te piden ni billete personal. Cualquiera se puede colar con el billete que ha comprado otro. Es completamente absurdo. Y para colmo del cutrerío lo que pasó hace unos días en la estación de Sants de Barcelona. Fue desalojada porque se encontró una mochila sospechosa sin dueño. ¿Qué hicieron los responsables? Comprobaron el interior de la mochila en la zona de embarque del AVE. Como lo leen. No se la llevaron para examinarla en algún lugar seguro, la abrieron allí mismo. Suerte que fue una falsa alarma y no había ninguna bomba real.
La obsesión por sufrir un atentando es tan grande y la seguridad tan insegura, que a mí ya me han quitado hasta el miedo. En el momento en que te pueden matar en el tren, en el aeropuerto, en el metro, atropellado con un camión, en una sala de conciertos, en la redacción de un periódico o paseando por la calle, yo ya no le tengo miedo al avión. De hecho, creo muy sinceramente que en el avión es donde más segura voy a estar. Luego pisaré suelo americano, y sentiré cómo proclaman oficialmente presidente a Donald Trump el 20 de enero. Eso sí que da miedo. Os lo cuento, a la vuelta. Si es que vuelvo.

OTRAS CAMPANADAS SON POSIBLES

Existen aplicaciones para controlar el sueño, para bailar, para hacer deporte, para ponerse a dieta, para viajar, para ahorrar, para cantar, para encontrar pareja, metales, calles o restaurantes cercanos de comida vietnamita. En el siglo XXI podemos comprar billetes de avión, entradas de teatro o pedir que nos traigan un vibrador en menos de una hora a la puerta de nuestra casa. Y todo con nuestro teléfono móvil. Aplicaciones como Glovo o Amazon nos llevan donde sea lo que queramos, y si no nos sirve o no funciona lo podemos devolver sin pelearnos con nadie. Mucho me temo que las tiendas físicas van a desaparecer, incluso El Corte Inglés tarde o temprano dejará de existir. Solo se necesitarán personas o robots que nos lleven las cosas de un sitio a otro. Salir de casa para ir a una tienda a comprar algo cada vez da más pereza.
Tenemos el mundo a nuestros pies, pero seguimos celebrando la Navidad y Año Nuevo de la misma forma desde hace un trillón de siglos. O al menos a mí me lo parece. Para empezar, seguimos mandando cartas físicas a los Reyes Magos. Es más fácil hacer creer a un niño que tres magos que vienen de Oriente darán la vuelta al mundo en una noche repartiendo regalos, que hacerle creer que esa carta física va a llegar a algún lado. Melchor, Gaspar y Baltasar tienen que reinventarse y empezar a recibir 'mails' o 'wasaps'. Puestos a inventar, tampoco estaría mal que uno de los tres fuera una mujer.

EL AÑO NUEVO
Pero parece que a la Navidad no le gusta evolucionar. Cada vez que se hace un belén alternativo o algo tirando a moderno, la gente se echa las manos a la cabeza y monta en cólera. En Barcelona, el gobierno de Ada Colau nos puso un belén precioso formado por nueve esferas rellenas inspiradas en fragmentos de un poema de J.V. Foix, pero la mayoría de la gente no lo entendió. Es curioso que la mayoría de las críticas vinieron de personas que no van nunca a misa, que no creen en Dios y que lo más místico que hacen en su vida cotidiana es colocar un Buda de cartón piedra al lado del váter junto a una barrita de incienso.
Pero el tema más casposo, antiguo y cutre llega en el mágico momento de dar la bienvenida al nuevo año. Este año, una servidora ha tenido la suerte de cenar en una casa rodeada de extranjeros que no entendían por qué teníamos que encender la tele a las 23.55. No sabía qué decirles, llevo 42 años haciendo lo mismo y en todos los canales se hace exactamente el mismo programa. Una pareja de presentadores vestidos de boda que se pasan 15 minutos diciendo chorradas y llenando el tiempo para dar paso a un reloj que sonará 12 veces. No digo de terminar con la tradición de las uvas, pero igual tendríamos que encontrar la forma de hacerlo sin necesidad de encender la tele.

Los americanos son libres de uvas y se besan cuando suenan las 12. Eso deberíamos hacer todos: besarnos más y criticar menos

Un año lo hice mirando la Torre Agbar desde el ático de un amigo. Nos comimos las uvas mientras la luz de la torre iba cambiando y fue maravilloso. Pero, claro, no todos tenemos una terraza con vistas al 'sky line' barcelonés. Me pareció una buena idea para hacer algo diferente y más moderno, pero visto lo visto aquello no cuajó. Tantas aplicaciones, tantas redes sociales, y seguimos poniendo la tele para que nos canten el sonido de 12 falsas campanadas que alargan para que la gente no se atragante.
Luego, en Twitter, como el tema no da para mucho, solo se habla del vestido de las presentadoras y de si esta llevaba o no bragas. ¿En serio? Me parece tan penoso... Luego algunas mujeres critican a la Pedroche por estar… ¿guapa? Basta ya de confundir las cosas. Yo misma me pongo pibón la noche de fin de año, y si tuviera el cuerpo de la Pedroche todavía me pondría más 'sexy'. La chica sale en bañador porque quiere, Eloísa González da las campanadas sin bragas (aunque diga que sí) porque le da la gana, y los tíos buenos con esmoquin están muy buenos. Yo personalmente no necesito que Carlos Sobera salga en bañador a dar las uvas, me parece un tipo atractivo vestido de traje. Ya me sirve.

ESCOTE Y PIERNAS

Hay cosas que son indiscutibles y abren debates estúpidos. La moda es la moda. Una mujer, para estar cañón enseña escote y piernas, y un tío se pone esmoquin. Créanme, ese no es el debate. El debate es si tenemos que seguir esta tradición tan absurda y cutre. Hay que empezar a hacer las uvas por Twitter, con una 'app' de móvil o como hacia mi abuela cuando éramos peques: sacaba una campana gigante, tocaba las 12 campanadas y nos mandaba a dormir a las diez. Cómo se echa de menos a las abuelas en Navidad…
En el resto del mundo hay tradiciones muy friquis para recibir el año nuevo, que no implican necesariamente encender la televisión. Fuegos artificiales en Alemania y Austria, en Dinamarca rompen platos, en Tailandia se tiran agua por la cabeza, en Italia comen lentejas y tiran trastos viejos por la ventana… Yo personalmente envidio a los americanos, que son libres de uvas y se besan cuando suenan las 12. Eso deberíamos hacer todos. Besarnos más y criticar menos.

DALE UN BESITO A LA ABUELA

Estas fiestas gastronómicamente hablando, están siendo terroríficas. Programas como 'Masterchef' han hecho mucho daño. La gente se anima a cocinar platos intragables, te invitan a su casa o te los llevan a la tuya, obligándote a comértelos y encima les tienes que aplaudir. ¡Basta! Propongo decirle a la gente que cocina mal, que lo deje y se dedique a fastidiar con otra cosa. Igual que el tema vegano, macrobiótico o vegetariano. Se nos está yendo de las manos. Conozco a personas con una mala leche tan importante, que me vienen ganas de obligarles a comerse un filete con patatas para ver si se le pasa.
En serio, me gusta mucho la comida sana, pero no podemos vivir solo de tofu, algas y seitán. Y si lo quieres hacer… ¡adelante! Pero no me obligues a mí, ni a tus hijos a hacerlo. He visto a niños en la escuela con su cantimplora de agua, su táper freaky de arroz integral y muy tristes porque no han probado una chuchería en su vida. En serio, tu hijo no es solo tuyo, no eres el único encargado de educarle. Están los amigos, la escuela, la familia, el mundo entero que le dirá cosas y no siempre va a pensar los mismo que sus padres. Vamos a dejarle que piense y escoja.

LOS NIÑOS Y PAPA NOEL

Es como lo de ponerle pendientes, bautizarle o obligarle a besar a las abuelas o a los tíos. Hace poco, salió un campaña viral donde se pedía, acabar con la tradición de hacer sentar a los niños en el regazo de Papa Noel. Se trata de CAPS Hauraki, una asociación de Nueva Zelanda que lucha por la prevención del abuso sexual infantil. Su campaña en Facebook ha sido muy comentada. Puede parecer exagerado, pero estoy totalmente a favor. Los besos y los abrazos a quien se los merezca. Y si el niño no quiere besar a la abuela de turno no veo por qué hay que obligarle.
Las estadísticas dicen que el 90% de los niños que son abusados sexualmente conocen a sus agresores. Si encima les educamos haciéndoles creer que no besar es de mala educación, ponemos a los críos en peligro. Totalmente a favor de esta campaña. Yo odiaba besar a mis tías cuando era pequeña y ahora las adoro. Feliz 2017.

EL GRAN RECAPTE DE CADA DIA

Soy una persona ultrapráctica. Siempre lo he sido. Pienso tanto en el presente, que no me acaban de convencer esas políticas de ultraizquierda donde se pretende cambiar el sistema de forma radical para que mis tataranietos que jamás tendré vivan, desde su punto de vista, mejor que yo. Casualmente todos hablan maravillas de la Cuba de Castro ahora que ha muerto, pero ni uno solo pensó jamás en mudarse allí.
Yo soy más de luchar aquí y ahora. A corto plazo. Que paso por delante de un súper y una mujer me pide comida, abro el carro y le doy lo que sea. Se me parte el alma, al pensar que hay gente que no tiene para comer. Y es por eso que no soporto que iniciativas como el Gran Recapte sean criticadas. Voy al súper de mi barrio, veo a los voluntarios y sin pensar demasiado pregunto: «¿Qué no necesitáis?» Para no ayudar mal. Cosas de cristal, me dicen. Ok. Pillo un poco de todo y chocolate pensando en los críos.
Luego llego a casa, y con toda mi buena fe, cuelgo un tuit donde recuerdo que hoy es el día de la solidaridad y pido a los colaboradores que compren latas. Cristal no. Me entristezco al recibir algunas críticas de gente, que se cree moralmente superior a mí y que no solo no valoran mi gesto, sino que encima lo critican. Por lo visto, mi acto solo favorece a la pobreza y hago ricas a las grandes multinacionales de comida.
¿Cuántos productos Nestlé habrá comprado la gente? Me dice uno. Yo es que no pienso en el señor Nestlé, pienso en el niño que se comerá el chocolate. Esta es la diferencia entre nosotros. El odio al sistema os ciega y no os deja ver a las personas. No quieres colaborar, muy bien. ¿Cuál es tu plan?, ¿exigir qué el sistema lo haga todo? Ya os digo que esto no va a pasar. Si las personas no nos ayudáramos a nivel personal, mucha gente moriría de hambre. De frío y de todo.
Un ejemplo. Si un día, un socorrista de Badalona no hubiera pensado que podría ser útil salvando gente en la costa de Lesbos y se hubiera quedado en casa, criticando al sistema y al mundo que no ayuda a los refugiados, ¿a cuántas personas habría salvado? Pues eso.