miércoles, 9 de agosto de 2017

VERGÜENZA

Cuando se echa el cierre a la semana del Orgullo LGTB en Barcelona, nos encontramos como cada año con mil comentarios absurdos y homófobos de personas que se preguntan por qué no celebramos el día del orgullo heterosexual. Como si los derechos de los hetero hubieran estado o estén perseguidos en la actualidad en algún país del mundo. Dejando aparte semejante tontería, me centraré más en el desfile. El Pride Parade que se hizo en Madrid el 1 de julio, que en Barcelona celebramos el pasado sábado. Carrozas llenas de gente disfrazada, vestida de colores, gritando a los cuatro vientos que quiere ser libre y feliz. A algunos les puede parecer exagerado. Yo les preguntaría: ¿alguna vez se han avergonzado de algo? La vergüenza es un sentimiento horrible. La definición exacta es: “Sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos”. El colectivo LGTB ha sentido mucha vergüenza de su condición sexual durante muchos años. Vergüenza y humillación. En España, no hace mucho existía la ley de vagos y maleantes. Fue una ley impulsada por consenso durante la Segunda República para "el control de mendigos y rufianes sin oficio conocido". El 15 de julio de 1954 fue modificada por el régimen franquista, para poder perseguir y castigar cualquier práctica homosexual.

CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA MANIFESTACIÓN

Tras la muerte de Franco, los activistas crearon el Front d'Alliberament Gai de Catalunya, que aún existe y tiene su sede en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Ese movimiento dio lugar al conocido Casal Lambda y fue el impulsor de la gran manifestación en las Ramblas del 26 de junio de 1977. El primer Orgullo, del que hace ya 40 años. Se consiguió que el Gobierno de Adolfo Suárez retirara la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Orgullos más tarde, llega el 2015 con el Gobierno de Zapatero y España se convierte en el tercer país del mundo, tras Holanda y Bélgica, en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Sin lucha no hay recompensa, es evidente. Mucha gente se ha dejado la vida en ello. Y aunque parezca que en España estamos muy bien, la homofobia todavía existe.

VERGÜENZA TRANSFORMADA EN ORGULLO

Por eso es importante no solamente apoyar la fiesta del Orgullo, sino que hay que aplaudir la pluma, la locura y los gritos. Lo peor que puede sentir una persona gay encerrada en el armario es la vergüenza. Y la humillación que va de la mano de ella. La Pride Parade  es una gran manifestación donde se destruye la vergüenza y se transforma en orgullo. La gente que critica la fiesta por el disfraz no ha entendido nada. El disfraz lo llevan algunos cada maldito día de su vida. Para quedar bien y para no sentirse juzgados ni avergonzados. “No grites, vigila la mano, ponte mona que pareces un tío...". Pues bien, en la fiesta del Orgullo lo que se hace en realidad es tirar el disfraz por la ventana. Ojalá llegue el día en que nadie sienta vergüenza al salir a la calle, ojalá llegue el día en que nadie sienta miedo al salir a la calle, ojalá llegue el día en que nadie muera al salir a la calle solo por el hecho de amar a alguien de su mismo sexo. ¡Seguimos!

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